Fue allá por octubre, cuando nos asignaron una pequeña novela llamada La fuente envenenada escrita por un tal Alberto Nin Frías. Desde ese momento nos convertimos en el grupo Fuente. Éramos ocho editoras provenientes de diferentes campos: psicología, filología inglesa, filología hispánica, traducción, turismo, estudios de Asia Oriental… una diversidad que ahora se encontraba con esta desconocida novela uruguaya de principios del siglo XX.

Nuestros comienzos
Algo que nos han dicho desde el principio del máster es que no siempre vamos a editar un manuscrito que nos guste. Nuestros gustos muchas veces estarán muy lejos de lo que editemos. Incluso en nuestro máster, habiendo leído los cuatro libros que íbamos a editar este 2020, cada una teníamos una preferencia.
A lo mejor La fuente envenenada no fue nuestra primera opción. O sí lo fue. En cualquier caso, fuimos asignados a este grupo y enseguida nos dimos cuenta de que encajábamos bien: todas estábamos de acuerdo en el potencial de esta obra criptogay (término acuñado por nuestro querido Luisgé Martín) y queríamos hacer una campaña fuerte para reivindicar los derechos LGTB+ a través de esta obra, como hizo Nin Frías en su día, si bien fue de una manera críptica.

El proceso de edición y corrección
Aprendimos pasos que se convirtieron en imprescindibles, pasos que para un lector, el cual no debería «ver» el trabajo del editor, son invisibles. Un ejemplo es la preedición, esencial para adaptar el texto a las normas ortotipográficas actuales.
Nunca una raya de diálogo ha provocado tanto dolor de cabeza. Especialmente cuando el diccionario de nuestro querido Sousa estaba secuestrado por otros compañeros.
Después vinieron las esperadas y terroríficas correcciones, las revisiones por unos ojos cansados a los que se les podía haber escapado una «ñ» que ya no estaba en cursiva.

No nos podemos olvidar de las discusiones con nuestro coordinador, intentando convencerle de incluir o quitar una coma. ¿Habéis pensado alguna vez en la importancia de las comas? Mientras editábamos el libro, una coma lo podía cambiar todo.
Primeras pruebas, segundas pruebas… hasta llegar a las quintas y últimas, tras incluir cursivas que se habían descolocado, negritas que faltaban o dos puntos que estaban descoordinados.

Llegó la elección de la portada. David Sueiro, nuestro diseñador, nos hizo el trabajo incluso más complicado dándonos una variedad maravillosa de portadas, hasta llegar a la que tenemos y ya conocéis perfectamente.
Ahora llegaba el momento de promoción: aplicar todas esas ideas en un principio locas que tuvimos cuando nos conocimos (como hacer tests criptogay o alterar un verso de Bécquer para incluir la palabra criptogay), hacer una buena campaña en Twitter y estrenar nuestro blog.
Un máster coronado
Sin embargo, cuando nos imaginamos todo esto, no pensábamos que iba a tener que hacerse encerradas desde nuestras casas. O que una plataforma llamada Zoom se iba a convertir en nuestro nuevo mejor amigo.
A todos nos preocupaba la aparición de este dichoso virus en enero, pero desde luego no pensábamos —qué inocentes éramos— que fuera a afectarnos a este nivel.
De manera que, las habituales reuniones del taller tuvieron que pasar a ser reuniones de Zoom, y nos acostumbrarnos a vernos las caras en pequeños recuadros. Ya no íbamos a poder disfrutar la visita a la imprenta, ver a nuestro distribuidor en persona o presentar nuestro libro en la Feria de Madrid.

El paradigma, una vez más, había cambiado, y ¿qué es la literatura sino un cambio de paradigma constante? De alguna manera, estamos viviendo una forma de literatura a través del proceso de publicación de nuestros libros.
No vamos a mentir y decir que no nos dio un vuelco al corazón cuando leímos que la Feria del Libro se había cancelado, todas teníamos unas ganas enormes de presentar nuestro pequeño proyecto en este evento literario al que tanto cariño tenemos.
Todavía no sabemos siquiera si finalmente podrá celebrarse como se planea en octubre, debido a la incertidumbre general de la situación. Justamente estos días tendríamos que estar caminando por el Retiro entre libros… pero, como bien nos han dicho varios profesores del máster, el sector editorial está acostumbrado a la incertidumbre y a la crisis y confiamos que, como todo ser humano, su resiliencia ganará la batalla.
Se hace el camino al andar
Si le hubieras dicho a esas ocho personas en octubre que acabaríamos el camino con nuestro proyecto de esta manera, ninguna de nosotras lo hubiera creído.
Todavía seguimos echando de menos el calor humano (y el calor de nuestro aula en la UAM), pero el trabajo que hemos hecho desde marzo también nos ha unido en la distancia, y quizá, esta adaptación del propio máster y de la forma de trabajar, nos ha hecho crecer no solo como editoras, sino también como personas.
En menos de una semana, todos vosotros podréis ver el fruto de nuestro trabajo, y el pequeño tesoro que es La fuente envenenada. Esperamos que os guste tanto como a nosotras, y que disfrutéis del viaje con Jorge y Sordello a París y Davos del siglo XX. No ha sido un camino fácil, pero ha merecido la pena.
















