Mitología grecolatina criptogay

Hace unas semanas conocimos el mito que esconde la portada de La fuente envenenada, por eso hoy nos adentraremos más en el mundo mitológico de la cultura grecolatina.

Los mitos grecolatinos están cargados de personajes LGTB, un ejemplo de ello es Zeus, que cambió de forma para raptar al joven Ganimedes, llevarle al Olimpo y convertirle en su amante.

¿Quieres conocer más mitos? Aquí os dejamos tres que seguro os encantarán.

Apolo y Cipariso

Empezaremos por uno de los protagonistas de nuestra portada, Apolo. Apolo fue el único dios que logró el amor de Cipariso, le colmaba de regalos, uno de ellos fue un ciervo sagrado, consagrado a las ninfas, que se convirtió en el fiel compañero del muchacho. Apolo también le regaló una jabalina para cazar, pero el joven al lanzar el arma mató por error a su ciervo. Fue tal la tristeza de Cipariso que rogó a Apolo poder llorar la pérdida de su compañero eternamente, así fue como Apolo convirtió en ciprés a su amante, el árbol del dolor, la tristeza y el duelo, consagrado a los difuntos.

Apolo y Cipariso de Claude Marie Debufe

Aquiles y Patroclo

Es muy raro hablar de mitología criptogay y no pensar automáticamente en Aquiles y Patroclo. Ambos son personajes de la obra clásica la Ilíada.

Aquiles y Patrocloeran «amigos» desde muy jóvenes, y participaron juntos en la guerra de Troya. Tras el asedio a la ciudad de Lirneso, Aquiles raptó a Briseida, princesa real, pero no fue suya durante mucho tiempo, pues el rey Agamenón le obligó a entregársela, esto provocó que Aquiles dejase de luchar a favor de los griegos. A pesar de las continuas suplicas de Agamenón para que volviese a la batalla no consiguió convencerle, por lo que Patroclo tomó prestadas las armaduras de Aquiles y retó a Héctor, príncipe troyano. Héctor dio muerte a Patroclo, esto hizo reaccionar a Aquiles y volvió para vengar la muerte de su amante.

Finalmente, Aquiles venció a los troyanos, aunque poco después murió en manos de Paris, quien perforó su talón con una flecha envenenada guiada por Apolo. Sus cenizas fueron mezcladas junto con las de Patroclo y fueron enterrados juntos en los Campos Elíseos.

Aquiles se lamenta por la muerte de Patroclo de Gavin Hamilton

Calisto y Artemisa

La historia de Calisto y Artemisa es un poco más turbia. Calisto era una cazadora que pertenecía al cortejo de Artemisa, la diosa de la caza, caracterizada por ser la única diosa virgen. Todas las seguidoras de Artemisa debían de hacer un voto de castidad obligatorio.

Calisto era la compañera más querida de Artemisa, pero un día Zeus se enamoró de la muchacha y adoptó la forma de la diosa para poder seducirla. Calisto se quedó embarazada y Artemisa no la aceptó a su lado por haber traicionado su voto de castidad.

La joven dio a luz a Arcas, pero Hera (esposa de Zeus) celosa de lo sucedido convirtió a la muchacha en osa. Al cabo del tiempo, su hijo Arcas salió a cazar al monte y se encontró con su madre en forma de osa, para evitar que el hijo matase a su madre, Zeus convirtió a Calisto en la famosa constelación de la ursa mayor. Cuando Arcas fallece también es transformado en constelación, el Guardián de la Osa.

Estos tan solo son algunos mitos criptogay, pero tanto la mitología grecolatina como el resto de mitologías están repletas de relaciones homosexuales y bisexuales, por eso te invitamos a que sigas indagando y descubras todo lo que tiene que ofrecernos el maravilloso mundo de la mitología.

Calisto y Artemisa de Federico Cervelli

Bibliografía

Estapé Leopold. L’armari obert. Recuperado el 06 de junio de 2020 de: http://leopoldest.blogspot.com/2015/04/mitologia-lgtb-griega.html

Leopold Estapé. L’armari obert. Recuperado el 06 de junio de 2020 de: http://leopoldest.blogspot.com/2010/09/aquiles-y-patroclo-historia-de-un-amor.html

Navarro Rosa. Mitos del mundo clásico. Alianza editorial, 2002.

Cipariso. En Wikipedia. Recuperado el 06 de junio de 2020 de: https://es.wikipedia.org/wiki/Cipariso

Datos curiosos sobre Alberto Nin Frías

Hoy, en la entrada de nuestro blog, vamos a adentrarnos un poco más en la vida de Nin Frías. Ya sabemos quién fue, qué escribió, pero hay algunos datos curiosos y muy interesantes que pueden ayudarnos a conocer mejor a este escritor.

Fue un escritor que en sus últimas novelas habló sobre la homosexualidad de una forma totalmente abierta, la primera de sus novelas en las que habla sobre la homosexualidad fue Alexis, o el significado del temperamento Urano, en la cual hace una alusión a Gorydon de André Gide. Ambos títulos vienen de la segunda égloga de Virgilio que empieza con los siguientes versos:

«El pastor Corydon fue incendiado de amor
por hermoso Alexis…»

En Alexis, Nin Frías se opone a la idea de Freud que sostiene que la homosexualidad es un desarrollo prisionero. Nin Frías prefirió las teorías de Gregorio Marañón, dándole gran importancia a la influencia prenatal en el desarrollo de la sexualidad. Nin Frías estaba convencido de que él había nacido gay y de que su desarrollo como hombre gay era completamente natural.

A principios de 1932 se publicó Alexis y a finales del año, Ediciones Morata editó con mucho mimo su novela Homosexualismo Creador, en la que incluyó ilustraciones grabadas, fotografías de hombres escasamente vestidos, etcétera.

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«Willy Schmelkopf, considerado como el arquetipo de la hermosura viril moderna», Homosexualismo Creador

La publicación de Alexis, o el significado del temperamento Urano tuvo mucho éxito gracias al boca a boca (la novela estaba censurada), aunque este éxito acabaría poniendo fin a la carrera literaria de Nin Frías, y se despediría de esta por todo lo alto con Homosexualismo Creador.

«Mi vida se dirige a su ocaso; me ha dado cuanto le podía dar a un varón, nacido en el seno de una sociedad poco de acuerdo con sus ideas, que no acumuló ni heredó grandes tesoros, ni quiso pescar en el río revuelto de la estulticia humana. He podido vivir muy independientemente porque he exigido mucho a mi mente y muy poco a mis apetitos. Nada ha podido prevalecer contra el baluarte de mi libertad interior». (Homosexualismo Creador, p. 15)

A pesar del declive de su carrera literaria, escribió una obra más, Ensayo sobre tres expresiones del espíritu andaluz (1935). Estas tres expresiones hacían referencia a Juan F. Muñoz Pabón, Pedro Badanelli y Federico García Lorca.

Nin Frías conoció a Pedro Badanelli gracias a Jacinto Benavente, pues eran grandes amigos. Además, en 1933 escribió una carta a Lorca donde le comunicaba su deseo por conocerle personalmente. Gracias al biógrafo Ian Gibson, podemos especular que Lorca no tenía un gran interés en conocer a Nin Frías:

«Es de suponer que Lorca no quiso porque, avisado por sus amigos de la predilección de Nin Frías por hurgar en la relación entre creatividad y homosexualidad, estimaba más prudente mantener las distancias. Probablemente tampoco le gustaba el aspecto físico del doctor, que conocía porque éste le había escrito en papel de correspondencia con su fotografía impresa en un ángulo —insólita egolatría— revelando el retrato a un hombre ya mayor, con una reluciente calva». (Federico García Lorca, vol. 2, p 286.)

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«Kenneth Churchill, joven atleta anglosajón, de tipo helénico», Homosexualismo Creador

También se carteó con el novelista Miguel de Unamuno, aunque solo se conserva una parte de la correspondencia que puede leerse en 13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías, prologado por Pedro Badanelli.

Finalmente murió en la pobreza bajo la protección de Badanelli, en la ciudad de Suardi, Santa Fe.

Bibliografía

Hagius Hugo. Alberto Nin Frías vida y obra. Bibliogay Publications, 2009.

Tuberculosis y literatura

Ahora que sabemos un poco más acerca de la tuberculosis podemos hablar de cómo ha afectado esta enfermedad a la literatura.

La tuberculosis fue conocida en la Europa del siglo XIX como una enfermedad romántica, propia de los novelistas y poetas más bohemios.

Algunos de los escritores que padecieron esta enfermedad fueron: Edgar Allan Poe, Balzac, Maupassant, Emerson, o Sir Walter Scott.

Muchos de ellos incluso llegaron a morir a causa de ella, como es el caso de Novalis, de Schiller, de John Keats, de Bécquer, de Chéjov, de Walt Whitman o de Emily Brontë.

Para entender mejor la romantización de esta enfermedad, he querido destacar el ejemplo de Lord Byron, cuando se miraba al espejo exclamaba:

«Estoy pálido, me gustaría morir consumido porque todas las damas dirían miren al pobre Byron qué interesante aparece al morir».

Ya en el siglo XX, la enfermedad dejó de tener un aura tan romántica, pero no desapareció y fueron muchos los escritores que la padecieron, como Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Dylan Thomas, Miguel Delibes o Eugene O’Neill.

También provocó algunas muertes. George Orwell murió con 46 años, Kafka en el sanatorio de Wiener Wald. También enfermó Miguel Hernández, que pasó sus últimos años de vida en prisión y finalmente falleció por tuberculosis.

¿Cómo ha afectado la tuberculosis en la literatura?

Son numerosas las novelas donde aparece la tuberculosis, y estos son solo algunos ejemplos de cómo la enfermedad se ha ido haciendo hueco entre las páginas de los libros.

Empezaremos por una obra literaria tan conocida como Los Miserables de Víctor Hugo (1802-1885), en la que uno de los personajes principales, Fantine, padecerá tuberculosis.

«Fantino tuvo mucha fiebre, pasó parte de la noche delirando y hablando en voz alta, hasta que terminó por quedarse dormida».

Alejandro Dumas (1824-1895) en La dama de las Camelias. Es una obra transitoria del romanticismo al realismo, en la que Alejando Dumas narra la historia de dos jóvenes enamorados.

«Añádase a ello que Marguerite había vuelto de aquel viaje más hermoso que nunca, que tenía veinte años y que la enfermedad, adormecida, pero no vencida, seguía despertando en ella esos deseos febriles que casi siempre eran el resultado de las afecciones de pecho».

De Francia saltó a Rusia con Fiódor Dostoyevski (1821-1881). En Crimen y castigo escribió:

«Todo esto con un pecho delicado, con una predisposición a la tisis. Yo lo siento de veras. ¿Creen que no lo siento? Cuanto más bebo, más sufro. Por eso, para sentir más, para sufrir más, me entrego a la bebida. Yo bebo para sufrir más profundamente».

Viajando a Alemania nos encontramos con Thomas Mann (1875-1955). En La montaña mágica se narra la estancia del protagonista, Hans Castorp, en un sanatorio de los Alpes suizos al que había llegado como visitante.

«En cualquier parte del mundo, las condiciones climatológicas para los enfermos de tuberculosis eran menos favorables que aquí. Por poco sentido común que se tuviese, merecía la pena tener paciencia y sacar partido del efecto fortalecedor del clima de aquel lugar».

En España encontramos a Camilo José Cela (1916-2002), que reflejó la enfermedad en algunos pasajes de La Rosa . En tono autobiográfico, el autor expresa el día al día de un tuberculoso.

«Sé cura y vuelve a la vida con mentalidad de triunfador… No soy un enfermo y en cambio, sí soy un hombre que ha leído más, mucho más, y mejor que los demás hombres de su edad».

Manuel Rivas (1957), en El lápiz del carpintero, trata esta enfermedad desde la idealización, muy propia de los románticos del siglo XIX.

«… Tenía la belleza tísica de los tuberculosos. Los ojos agrandados como lámparas veladas de luz. Una palidez de loza, barnizada de rosa en las mejillas…».

Bibliografía

Queimaliños R. La tuberculosis, conocida como ‘dolencia de los poetas’, causa 1,7 millones de muertes al año, 20 minutos , 2012. Recuperado de: https://www.20minutos.es/noticia/1328139/0/tuberculosis / enfermedades / olvidadas /

Gamero A. Lo que la tuberculosis ha hecho por la literatura, La piedra de Sísifo , 2013. Recuperado de: https://lapiedradesisifo.com/2013/11/11/lo-que-la-tuberculosis-ha-hecho-por -la-literatura /

Fresnadillo MJ. Las enfermedades infecciosas en la literatura. Una larga historia sin final. Universidad de Salamanca, España, 2015.