Al igual que nuestros protagonistas, que pasan una maravillosa tarde recorriendo los pasillos del museo nacional Gustave Moreau y perdiéndose entre cálidas conversaciones e increíbles obras, en estos días grises nos encantaría compartir con vosotros lectores un trocito de esa experiencia con este breve post sobre el pintor y sus obras.

Gustave Moreau fue uno de los precursores del movimiento simbolista francés. La temática de sus cuadros se centraba mayormente en la ilustración de figuras mitológicas y, en ocasiones, bíblicas. Su obra es fácilmente reconocible por su estética decadente, influida por los pintores italianos del Renacimiento y el exotismo, pero con una base definida por su formación en el Romanticismo.

Moreau nació el 6 de abril de 1826 en el seno de una familia burguesa, con un padre arquitecto y una madre música, que no puso obstáculos a su vocación artística. Este interés por el arte comenzó cuando, con 15 años, viajó con su madre a Italia donde visitó varias ciudades y realizó varios esbozos de paisajes y monumentos. A los 18 entró en la Escuela de Bellas Artes de París, bajo el tutelaje de Théodore Chassériau, cuya influencia se vería fuertemente reflejada en las primeras obras del pintor. Allí también conoció a Pierre Puvis de Chavannes, con el que le unían no pocas afinidades.
Participó por primera vez en el Salón (la exposición de arte oficial de las academias de bellas artes de París) en 1852 con una Pietà, y en 1855 en la Exposición universal de París con su obra Los atenienses en el laberinto del Minotauro.

Pietà (1852) Moreau, G. (óleo) National Museum of Western Art 
Los atenienses en el laberinto del Minotauro (1855) Moreau, G. (óleo) Museo nacional Gustave Moreau
Tras regresar de una estancia de dos años en Italia, pintó Edipo y la esfinge con la que ganó una medalla en el Salón de 1864.

En 1876 presentó en el Salón de ese año Salomé bailando ante Herodes, que triunfó.

El grabador Félix Bracquemond contribuyó a difundir su obra mediante estampas, como la reproducción de El rey David.

Fue nombrado Chevalier de la Légion d’honneur en 1875 y más tarde, en 1883, fue ascendido a Officier de la Légion d’honneur.
A partir de 1888 trabajó como profesor en la Escuela de Bellas Artes de París hasta su muerte, sucediendo a su amigo Elie Delaunay. Entre sus alumnos se cuentan pintores tan célebres como Henri Matisse, Albert Marquet y Georges Rouault, entre otros, en los que su método de enseñanza influyó de forma determinante. Murió de cáncer de estómago a los setenta y dos años el 18 de abril de 1898, y dejó como legado su taller, que se convirtió en el museo Gustave Moreau, inaugurado el 13 de enero de 1903.
Moreau fue un personaje avanzado a su época, precursor del movimiento simbolista décadas antes de que Jean Moréas lo proclamara oficial en 1886. Huysmans, el escritor más relevante del movimiento, dijo de él:
«Su pintura es la de un decadente, la de un ser sensitivo para quien lo irreal poseyó siempre mayor relevancia que lo real»
El arte de Moreau esta plagado de adolescentes andróginos y mujeres fascinantes y perversas. También se puede ver una clara fascinación por lo oriental en la elección de los temas así como en la ambientación decadente de sus cuadros.

Moreau tenía una estrecha relación, posiblemente romántica aunque nunca se llegó a confirmar, con Adelaide-Alexandrine Dureux a quien retrató en repetidas ocasiones.Tras la muerte de Adelaide, «mi mejor y única amiga» según sus palabras, las obras de Moreau adquirieron un tono más melancólico.
Si bien no frecuentaba los temas cristianos más allá de encargos, dos temas de la iconografía bíblica son recurrentes en su obra: la Piedad y el San Sebastián.

Hay que destacar un cuadro religioso bastante tardío, de carácter irónico, La flor mística en el que la flor de la iglesia se alimenta de la sangre de los mártires.

Espero que hayáis disfrutado de este breve viaje por el mundo de Gustave Moreau igual que lo disfrutaron nuestros protagonistas.












